SEGUNDA CRÍTICA A BONAFINI

 

En la edición de la revista Tres Puntos del 25 de octubre de 2001, Hebe Bonafini, además de ratificar las ideas sobre el 11 de setiembre que había expresado en una anterior Conferencia, declara, entre otras cosas:  

 

"Verbitsky ... además de ser judío, es totalmente pro norteamericano"

"... Carlos y Rolando Astarita ... son dos cobardes que trabajan para la UBA ... son sirvientes de los radicales" y en otra parte sostiene que "renunciaron, pero no aquí [por la UPMPM] sino en los medios". Por otro lado, repetidas veces carga contra los "intelectuales" y reivindica su posición de hablar "desde la cocina, desde la calle".

 

No se puede desconocer la importancia de estas declaraciones. Hebe Bonafini es una figura respetada y escuchada, que influye en muchos jóvenes militantes de izquierda, y también en la conciencia política del pueblo trabajador. Por eso no se las puede considerar  simplemente como exabruptos sin consecuencias de alguien que ha perdido los estribos y todo sentido de ubicación politica. Por el contrario, considero que se inscriben en una lógica política, y que Bonafini profundiza el daño -político e ideológico- que ya había hecho con sus anteriores declaraciones, elogiosas para Bin Laden y el atentado del 11 de setiembre. Pero vayamos por partes.

 

En primer lugar, es necesario aclarar que quienes renunciamos a la UPMPM lo hicimos por tener una discrepancia de principios, ideológica, con la posición adoptada por sus autoridades. Recuerdo que discrepamos de raíz con la apología al atentado del 11 de septiembre, con la reivindicación de Bin Laden como "revolucionario" (por parte de Zito Lema); con la exaltación de la "venganza" como objetivo de la lucha socialista y con el planteo de la "culpa colectiva" del pueblo norteamericano por las guerras en el mundo, que hizo Bonafini.

Estos motivos se ven confirmados con el reportaje a la revista Tres Puntos. Allí Bonafini reafirma lo esencial de sus planteos.  Dice "me alegré y festejé" [en ocasión del atentado], y agrega que "ellos [los norteamericanos] no me dan lástima. Están cagados de miedo porque los norteamericanos son un pueblo cobarde y vengador". Y sigue reivindicando la venganza al decir "los norteamericanos nos cagaron la vida, bueno, ya era hora de que pagaran".

 

En segundo término, y antes de ir a los nuevos problemas generales suscitados por sus declaraciones, es necesario puntualizar otro hecho. Bonafini afirma que hemos presentado la renuncia en los medios. Pero lo cierto es que nuestra renuncia fue presentada ante una asamblea realizada el día martes 16 de octubre en la UPMPM, con la presencia de por lo menos cuarenta docentes y alumnos invitados. Allí también estuvieron presentes dos autoridades de la Universidad, Zito Lema y Sergio Shocklender, quienes nos agradecieron la colaboración prestada, y lamentaron que nos fuéramos. Incluso hablaron de responder a la crítica que les había formulado, y que por ese momento ya les había hecho llegar.  

 

Vayamos ahora a las nuevas cuestiones que plantea estas declaraciones de Bonafini.

 

 

 

En primer lugar estas declaraciones hacen daño porque afectan las relaciones más elementales que deberían existir entre compañeros.  

Sobre esto en el seno de la izquierda han existido, a grandes rasgos, dos tradiciones. Una, que alentó el cruce de ideas con el fin de avanzar, de clarificar, incluso de delimitar tendencias, siempre desde el respeto del otro, del compañero. La otra, por el contrario, empleó sistemáticametne el insulto, la difamación, la mentira sin ton ni son. Así, apenas un disidente rompía con su partido o movimiento, pasaba a ser un "traidor", un "agente objetivo del enemigo", aunque hasta apenas ayer hubiera sido un "honesto y valiente militante de la causa". Con esto se buscaba no sólo descalificar los argumentos de los críticos, sino también quebrarlos moralmente y aislarlos, apelando a cualquier recurso a mano, fuera la mentira o la difamación. Embarcados en esta lógica, no había ningún respeto por los mínimos "derechos democráticos" de los disidentes y críticos. Estos debían ser diferenciados y segregados -siguiendo pautas incluso de tipo pre capitalista- a los efectos de que nadie escuchara sus razones.

Lamentablemente Bonafini se inscribe en la lógica política de esta segunda tradición. Según la rectora de la UPMPM, hemos pasado a ser "enemigos" a partir del momento en que hicimos pública nuestra crítica a sus posiciones políticas e ideológicas. Si este proceder era ya grave en los partidos, lo es doblemente en cuanto habla la rectora de una UNIVERSIDAD, que se considera POPULAR y se autodefine al servicio de los derechos de los oprimidos. En lugar de instarse al intercambio de ideas, se apela a la agresión, a la destrucción moral del adversario o del crítico, y a su segregación absoluta. Este proceder no sólo apunta a generar un ghetto intelectual, sino también educa en la peor de las tradiciones que ha tenido la izquierda. Y esto se hace precisamente cuando muchos asumimos autocríticamente los errores por haber aceptado estos métodos en el pasado, y buscamos formas nuevas de discusión y clarificación. Desde este punto de vista, las declaraciones de Bonafini son también un retroceso con respecto a lo avanzado.

 

En segundo lugar, la entrevista de Tres Puntos hace muchísimo daño en lo que respecta a un proyecto de sociedad socialista. Esto porque el trato brutal, agravado por darse entre compañeros de izquierda, no es una cuestión de meras "formas". O, en todo caso -y "coqueteando" con Hegel- se trata de formas esenciales, que afectan contenidos, esto es, las relaciones humanas, sociales, que seamos capaces de establecer.

Por supuesto, no estoy planteando que haya que organizar en esta sociedad falansterios comunistas, ni crear de la nada el "hombre nuevo". Pero sí sostengo que es necesario y posible establecer otra forma de relación en la izquierda, distinta de lo imperante en esta sociedad (que se caracteriza por el trato brutal, despiadado). Si no somos capaces de establecer entre nosotros, entre compañeros, y a pesar de todas nuestras diferencias, otro trato, ¿qué podemos ofrecer en cuanto proyecto de otra sociedad, de otras relaciones entre seres humanos? Ante el trato que dispensa Bonafini a quienes hasta hace horas éramos considerados "valiosos colaboradores", cualquier persona con un mínimo de lógica se preguntará: "¿qué hará esta gente si llega al gobierno? ¿qué tipo de sociedad, de cultura, de régimen político está dispuesta a establecer? Si desde una simple Universidad se utilizan estos métodos, ¿qué se puede esperar en el futuro?". Viniendo la izquierda de la terrible experiencia de los regímenes del llamado "socialismo real" (con sus campos de internamiento, sus amordazamientos, sus exilios a los críticos), son preguntas plenas de sentido.

La cuestión adquiere, sin embargo, una gravedad inusitada ante el también inusitado calificativo -en boca de alguien que se reclama de izquierda- de "judío" a un adversario [1]. No hay posibilidad ni siquiera de establecer un diálogo mínimamente civilizado cuando las cosas se ponen en este plano. Más aún, hay que preguntarse ¿cómo puede organizarse una carrera de Derechos Humanos cuando aparece la más retrógrada de las expresiones discriminatorias, como es el antisemitismo, en boca de la más alta autoridad de la Universidad? Es necesario responder a esta cuestión. Es necesario extirpar todo vestigio de la lacra del antisemitismo -que dicho sea de paso, también fue utilizado en los períodos más negros del régimen stalinista.

Dejo apuntado, además, que a partir de estas afirmaciones adquiere una nueva significación la caracterización de las autoridades de la UPMPM de "revolucionario" a Bin Laden, sin importarles el régimen político que defiende. Expresa, por lo menos, un profundo menosprecio por todo lo atinente al proyecto de sociedad que postulamos los socialistas frente a la barbarie del capitalismo globalizado. No es un tema menor en la formación de una conciencia social y crítica.

 

La tercera razón por la que considero que las declaraciones de Bonafini hacen mucho daño se vincula con sus ataques a los "intelectuales" y su reivindicación de "la cocina" y la "calle" como lugar de aprendizaje. Esto representa una apología a la ignorancia; es un llamado a no repensar problemas, a no encarar seriamente un rearme teórico y político en el marxismo, después de tantos años de desprecio de la teoría y de "manuales prácticos" de pseudo marxismo codificado.

No voy a repetir aquí la historia de cómo los marxistas (empezando por el propio Marx) fueron atacados por ser "intelectuales separados de la práctica" y "de las masas". Simplemente recordar que también este "cargo" fue utilizado en los partidos burocráticos para sofocar discusiones. Allí el sambenito de "intelectual" sirvió para manejar políticamente a la militancia, de manera que los únicos que estaban autorizados para "hacer teoría" eran los dirigentes y quienes avalaban lo que éstos decían. Y apenas algún "intelectual" (y sospechoso de "intelectual" era todo aquel que quisiera utilizar con alguna independencia de la dirección sus neuronas) se deslizaba a la crítica, pasaba a ser un "pequeño burgués individualista, alejado de las masas y claudicante a las presiones del enemigo". El resultado fue que la izquierda se empobreció en todos los terrenos -esto es, no sólo en el plano ideológico, sino también político y organizativo- y terminó siendo incapaz de responder, con un mínimo de coherencia, frente a la ideología del capital. De nuevo, es doblemente grave que estas ideas se vuelvan a alentar desde una Universidad Popular, que debería tener como objetivo el desarrollo y la profundización de la comprensión teórica y crítica de la sociedad actual. Más aún, las expresiones de Bonafini en este plano son incluso contradictorias con su propia historia. Es que ella misma pudo encabezar una de las formas de lucha más creativas y conmovedoreas de las últimas décadas, precisamente por haberse "elevado" desde el rol del ama de casa que sale a buscar a sus hijos desaparecidos, a la crítica global al  régimen imperante. Es una trayectoria valiente y hermosa, que reafirma la necesidad de avanzar siempre combinando la lucha con la reflexión y el estudio.  

 

Por último, quiero responder al cuestionamiento de Bonafini de por qué hemos hecho públicas nuestras críticas.

De nuevo, sobre este punto se enfrentan dos tradiciones en la izquierda. Por un lado, la que dice que toda discusión debe hacerse "puertas adentro" de cualquier organización, porque nada puede salir a la luz pública (a excepción, por supuesto, de lo que opinan los dirigentes). Esta concepción se aplicó en las organizaciones stalinistas y en las que copiaron su funcionamiento (aun cuando se auto-proclamaran enemigas del stalinismo). Esto llevaría a la conclusión que las únicas personas autorizadas a hacer declaraciones públicas serían las autoridades de los partidos o instituciones. Y -es imposible pasarlo por alto nuevamente- en una futura sociedad, sólo algunos estarían autorizados a hablar, y la mayoría debería escuchar y obedecer (y a lo sumo, hacer críticas "en la cocina").

La otra concepción dice que las polémicas internas de los partidos revolucionarios -subrayo,de los partidos revolucionarios, ya no de una Universidad- deben salir a la luz, para que todos juzguen, para que los trabajadores y todo luchador social se haga su composición de lugar, para que todos piensen y ayuden a resolver los problemas. Es una concepción que aprendí de Lenin (un artículo, escrito en la plena clandestinidad de la lucha anti-zarista, titulado "Luz, luz y más luz"). Claramente, soy partidario de esta segunda concepción. ¿Por qué?

En primer lugar, porque va en contra de todo elitismo, de la idea que sólo un grupo de iluminados pueden formar opiniones públicamente, para subrayar el carácter abierto y colectivo de toda elaboración. Pero, en segundo lugar, y más importante, porque para los marxistas "la base y el contenido principal de nuestro trabajo es desarrollar la comprensión política de las masas" (estoy citando de nuevo a Lenin). Así, si el atentado del 11 de setiembre afecta la comprensión de las masas, tenemos que criticarlo abiertamente,  porque lo que importa es la comprensión política pública de su contenido y efectos. Y si alguien entonces elogia ese atentado, es nuestro deber criticarlo públicamente, le pese a quien le pese, le caiga mal a quien le caiga mal. Insisto, nuestra primera obligación no es para con los aparatos o personalidades, sino para con nuestras convicciones. Las defendemos abiertamente, sin ocultar nuestros objetivos. Habrá que hacerlo sin injurias, limpiando el terreno de calumnias, pero sin ceder en nuestra determinación. Si esta metodología es necesaria en un partido, cuánto más lo es en una Universidad Popular, que además hace conocer posiciones ante un auditorio muy amplio que sigue sus orientaciones. Por eso en este episodio nos guiamos según el criterio apuntado: a partir de que se hizo pública la posición de las autoridades sobre el atentado del 11 de setiembre, no sólo hicimos conocer nuestra discrepancia "hacia adentro" (a los alumnos y docentes), sino también la expusimos hacia fuera. Y explicamos que actuaríamos así en la asamblea del 16 de octubre en la UPMPM.  

 

Por todo lo anterior, y habiendo criticado la postura de la dirección de la UPMPM, hago un nuevo llamado a que se establezca una discusión, un cambio de ideas. Es hora de que la máxima autoridad de la Universidad supere su estado de histeria incontrolada, que sólo conduce a formular insultos, y trate de argumentar y responder con razones a las críticas que se le formulan.

 

Rolando Astarita

31 de octubre de 2001



[1] No pudiendo dar crédito a lo que leía, he pedido a los periodistas que hicieron la entrevista escuchar la grabación.  Sus expresiones están confirmadas; no queda lugar para la duda sobre lo que dijo Bonafini.